El día que soñé con Julio Cortázar

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Unas cámaras de televisión. Pero detrás de las cámaras, nada, nadie. O más bien el universo, un lugar frío y violento. Un crimen sin jueces y sin verdugo, un crimen sin juicio y sin víctima aparente. Y esa monstruosidad negra u oscura, esa nada es un espejo cuasinfinito. Esa es la crueldad: hacer que te veas a ti mismo como lo que eres y no como lo que pretendes ser. Un set de grabación universal, cósmico. Las luces que nos arrojan a la cara (¿quién?) me parecen estrellas muertas hace millones de años, cuya luz no es más que el último estertor. Mi tono es familiar. Un contrato me dice que soy un entrevistador, sin embargo interrogo más bien con la familiaridad de un amigo:
—Entonces, Julio, ¿qué es lo más importante en la literatura?
Julio lo piensa un momento. Fuma de su pipa y bebe un jarabe morado que ni dormido ni despierto sé que sea o qué signifique. Se arremanga un bigote imaginario, tose, suda un poco:
—La traducción y el amor.
—¿Podrías extender más tu respuesta?
—El amor es la traducción de la literatura. La literatura es siempre una traducción. Pero antes delimitemos lo que es una traducción: una traducción es sobretodo una transgresión de las fronteras, un quebrantar las fronteras, destruir los limites. La literatura trata sobre eso y sobre el amor. Transgredir las fronteras, los límites, por amor… pero también transgredir al mismo amor y el amor, a su vez, transgrediendo las reglas de la traducción.
—Pienso en tu traducción de los cuentos de Edgar Allan Poe…
—Es un hurto, una apropiación del tesoro estadounidense, me parece que tenía el mismo sentido para Baudelaire, la traducción como una travesura pero también como una declaración de guerra, una invasión… la traducción es una manera de decir lo tuyo también es mío. Pensemos en las mujeres casadas. Uno no anda con una mujer casada si no quiere que le rompan la cara. Pues bien… lo olvidé… ah sí. Un escritor es el que constantemente busca que le rompan la cara… el escritor-traductor así como declara: Ese autor no es sólo tuyo, también declara Esa mujer no es tuya. No lo hace por maldad, al contrario, busca la expansión de la literatura, de los besos. La literatura también es la búsqueda del amor del otro lado ¿del otro lado de qué o de quién? No lo sé…
Julio tose, toma tres copas de jarabe morado a lilo. Suda, no encuentra las palabras, un terrible desconcierto se hunde en su mirada.
—Julio, ¿estás bien?
—Estoy bien. Para concluir diré que el amor es la traducción de la literatura, tal como la traducción es el amor de la literatura, así como la literatura es el amor a la traducción, o la traducción del amor. No intento jugar con las palabras ¿queda claro, no? ¿ah quedado claro?

Un comentario en “El día que soñé con Julio Cortázar

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