Carta a mí mismo I

Luis Caballero (6)
Pintura de Luis Caballero

Has estado enfermo y ligeramente melancólico, supongo que es por la fecha o porque constantemente confundes asco con miedo, sobre todo en lo relativo a los seres humanos. ¿Tienes asco o tienes miedo de la humanidad? No lo sabes, de cualquier modo te siguen gustando las personas rotas que se descosen, como aquel tipo que conociste, se presentó como tu primo y dijo que su tatarabuelo era también el tuyo, hablo de cuando el diablo hizo un pacto con tu tatarabuelo, dijo que tu tatarabuelo, con machete en mano, andaba recorriendo los caminos del cerro con un calor tan infernal que haría delirar a cualquiera o alucinar o matar o emborracharse o acosarte con una mujer de piel recia, de esas pieles duras, tostadas al sol. Tu tatarabuelo caminaba por la tabla grande, dijo, cuando se encontró con el diablo y éste, el diablo, le agarró los huevos y dijo estos son huevos Dámaso González y tu tatarabuelo le contestó, con voz igualmente profunda y fuerte, estos son huevos. Recuerdo que al poeta Leopoldo María Panero también le gustaba agarrar los huevos de las personas y me pregunto, no sin inocencia, si Leopoldo María Panero será el diablo o sólo una moda hipster. A todos les dices que tú conocías a Panero desde antes, cuando dio un recital junto a Javier Corcobado. Dices que lo conociste gracias a Corcobado y todos te creen porque saben que eres fiel seguidor de Corcobado que, dicho sea de paso, es también español, como Panero y probablemente el diablo. El diablo le preguntó a mi tatarabuelo, dijo, qué es lo que quería por tener tanto valor y el tatarabuelito le dijo que sólo quería comprender, entender el mundo. Pidió, de paso, sabiduría para su descendencia. Ahí estoy yo, soy su sangre y me pregunto si mi sabiduría (si alguna tengo) viene del pacto que mi tatarabuelito hizo con el diablo. Tu abuelito, me dice, también era docto en las ciencias oscuras, leía el oráculo y te decía cuándo te ibas a morir. Me reí, recuerdo ese libro, fue de mi abuelo, de mi padre y luego mío, lo venden en cualquier puesto de libros corrientes, es un libro al que le preguntas cosas y tienes que relacionar horizontal y verticalmente para encontrar una respuesta, es un libro barato, pero en el tiempo de mi abuelo a eso le llamaban ciencia oscura. Tu abuelito, me dice, también quiso hacer pacto con el diablo y lo llevo el tatarabuelito Dámaso al cerro para que hiciera pacto con el diablo, lo llamaron un rato sin ningún resultado, se preparaban para marcharse cuando vieron que bajaba del cerro un venado que lanzaba fuego por la boca, el cielo comenzó a tronar y ahí, en ese cerro, truena con ganas el cerro, así que vieron al venado o alce, que lanzaba fuego por la boca y al verlo, tu abuelito, me dijo, se echó a correr como alma que lleva el diablo, toda costa abajo por la tabla grande. Es el cerro del pinzán, preguntaste. Sí, te dijo. Al cerro del pinzán también le llaman tabla grande, dijo. Todo lo que te contaba era tan fantástico que te preguntaste si ese hombre era un producto de tu imaginación acalorada, pero no, tus tías también lo vieron y dijeron que era tu primo lejano y su sobrino lejano, dijeron el nombre de su padre. Él decía mi santo padre. Tu abuelito, me dijo, iba a pedir dinero para él y su descendencia, pero no pudo, le ganó el miedo, no tenía los huevos de tu tatarabuelo Dámaso, él sí tenía huevos, tantos que hasta el diablo se sorprendió.

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