Plagiando-ando

2 de Diciembre

En más de una ocasión me he sentido como una palabra extraviada en un mar de signos extraños. Ni tú ni nadie podrá sacarme de este desierto. Un desierto es un laberinto, pero también viceversa. Tengo la incertidumbre de la existencia, pero también la certeza de que pudo haber sido peor. Con dinero o sin dinero he hecho siempre lo que quiero, mi reino está en los suelos. Pude ser un santo bebedor o un diablo guardián, un banquero anarquista o un caudillo de la revolución. Las campanas siguen doblando. El antro de lo peor me atrapa entre sus garras. Soy un truhan, soy un señor, soy el siete mares, soy Gavino Barrera. He soñado con un universo que se puede destruir con un sólo signo. Creo en el poder del signo de interrogación. Creo en la buena ortografía y en la mala voluntad. En más de una ocasión he estado entre la espada y la pared. En más de una ocasión me han dado ganas de enterrarme en estiércol. He sido el sueño de un sapo, el señor que aprieta a la muchacha. El que pone a la Sonora Santanera. Me han gustado las mujeres diez años mayores y diez años menores. Soy punto entre una soledad y otra. Perro negro y callejero, veneno para hadas, la tercera palabra. Yo tomo para no enamorarme, perteneciendo brevemente al club de los imposibles, encontrándome con alguna de cuyo nombre no me quiero acordar, en un punto entre San Cosme y San Damián. Crío (aquí todo error suma un acierto) pactos para vivir. Pacto con la vida y con la muerte, con todo lo visible y lo invisible y mi reino (que es el de la poesía) no tendrá fin. Ha habido más de veinte poemas de amor y canción desesperada de mi sangre a tus cuchillas. Deja que lluevan las estrellas del dolor que todavía tengo que enviar una carta al cielo. El portado de los sueños, el huésped de lo imposible, titular de las galaxias de polvo, depositario de los secretos del vino, capitán de las piernas largas, reinventor general de la nada. El hipo en un simposio sobre el amor. No soy monedita de oro, me ha fallado el corazón, a veces me siento poeta, yo soy quen soy y no me parezco a naiden, me cuadra el campo y el chiflido de sus aigres, bohemio de afición, amigo de las perras, feminista de closet, notwhere man, piano man, void man, especulo sobre culos, Sasha Gray y la filosofía nietzscheana aplicada al mundo de la pornografía. En un chanchan he dejado atrás el amor de loca juventud y he aprendido que a veces gana el que pierde a una mujer. No me hubieras dejado esa noche. He volado en tu cielo, soy un aprendiz de sinvergüenza, un hermano perdido de los Hermanos Karamazov. He pasado una temporada en el infierno, entre el arco y la lira, a la orilla de la piedra de la locura. He vivido, más allá del bien y el mal, en este cansado oficio de ser monstruo. Y aunque todavía faltan veinte para las doce, aún me amo.

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