Carta a un cadáver

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Imagino tu belleza podrida, herida de muerte, por fin descansarás. Y es que tu energía era grandísima. Hacías temblar mundos e hiciste temblar el mío. Tu fuerza guerrera es algo que siempre aprecié, aunque en ocasiones la usabas para destrozarme. Eso nos fue alejando, tu vocación de huracán y mi vocación de superviviente. Yo no lo sabía pero Dios me puso en el mundo para escribir tu belleza y aun conociendo tantas palabras, tantas palabras me hacen falta para describir el tacto de tu piel y el calor de tu alma. Eras hermosa y plena haciendo el amor, una caníbal que lo devoraba todo. Siempre me gustó esa especie de doble vida: vestida eras la más pudorosa, la que tenía que estar siempre coordinada y en tus modales y en todo tenías una manía armónica. Sin ropa eras el impúdico caos, la fuerza ciega, animal. No tenías límites y te olvidabas de ti misma y me olvidaba de mí mismo. Hay algunas fechas que recuerdo con lágrimas en los ojos. Octubre junto al mar, qué felicidad. No sólo fuiste la chica más hermosa, también fuiste la única que me hizo sentir importante cuando tomaba tu mano y callaba tus palabras con un beso. Te deseo un buen viaje, dulce amiga. Espero verte pronto.

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