Fantasía IV

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Si se me permite decirlo más de mil noches me he masturbado pensando en ti; aprieto duro mi glande, el tronco y sale el semen disparado por el aire, al pensar en tus labios, en tus tetas, en tu sexo abierto y húmedo, en tus piernas. Luego despierto con esas erecciones que hacen que un hombre sea un hombre, y me vuelvo a acariciar pensando en tu culo, en tu espalda, en que te cojo durísimo mientras te jalo del cabello, o te doy tantos besos hasta el hartazgo de la ternura y la cursilería. Si se me permite decirlo hay noches que, en mi imaginación, te pongo sobre mis rodillas y nalgueo tu culo tan fuerte que queda rojísimo con las huellas de mis manos como tatuadas sobre tu piel. Haz vestido de colegiala, de enfermera, de monja satánica, de sacerdotisa maya. Eres Ixtab y Atenea, Cleopatra y Lilith. Esa filósofa cínica, Hiparquía, llena de libertad y de libertinaje: mujer libre y valiente, eres Anaïs Nin y soy Henry Miller, eres la tierna Eloísa y yo soy el perverso Abelardo que te seduce con estupideces filosóficas. Mi mente es extraña, ni yo me entiendo. Sólo sé que me gustas, te lo digo con la sinceridad de mi semen goteando, más de lo que deberías gustarme. Pero creo yo, si se me permite, no le hago daño a nadie. Todo queda, para bien o para mal, en la frugalidad de mi alcoba, en la riqueza de mi alma, en lo siniestro de mi imaginación. Si se me permite decirlo he pensado en ti en todas las posiciones, dominada o dominante, estrella porno de mi espíritu, vino en la punta de mi lengua, pecadora a ultranza. A veces cuando me baño me toco imaginándote aquí conmigo, tu cabello mojado y tus labios, la dureza de tus pezones embistiéndome y tus pies enredados a mis pies, mi verga friccionada contra tu culo, lo imagino todo, el salvajismo y la ternura, la animalidad y la locura, y aprieto mis huevos y el semen brota a borbotones y se va por la coladera, como mi vida, como mis sueños. O pienso en ti en los momentos más inadecuados y de las maneras más inadecuadas. No tengo ni tienes moral en mi imaginación, somos libres, terroríficamente libres y voy por la calle sonriendo como un loco al que lo toca el sol por primera vez. Si se me permite decirlo, ayer en la noche y hoy en la mañana te he pensado de la manera más perversa y antimoral, sobre mis rodillas, ensartada en mi verga, con los labios sangrando, con los pezones mordidos, con el rímel corrido, con la falda levantada, en cuatro, montada, húmeda, llena, loca.

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