El mal del ímpetu

9786071625809[1].jpg

Hace poco estuve leyendo una recopilación de cuentos titulada Paisaje caprichoso de la literatura rusa, es una antología traducida por Selma Ancida. El prólogo es de Juan Villoro, un escritor que en mi (nada) humilde opinión, sólo ocupa un estatus en la intelectualidad mexicana por el apellido. Sin embargo, respecto al libro sólo puedo decir que lo recomiendo, los cuentos (o fragmentos de novela) son maravillosos y yo, como cualquier mamarracho, sólo sé aplaudir los caprichos de las mujeres inteligentes y guapas.

En el libro viene un cuento de Iván Goncharov titulado ‘El mal del ímpetu’. ¿Qué significa? A grosso modo el autor habla de una epidemia que acosa, sobretodo, a una familia. Los síntomas consisten en largos paseos en el campo para apreciar las bondades del aire limpio y el suave susurro de los árboles y lagos. ¿Qué bien, no? Pues sí, salvo en el caso que se vuelva patológico y sea en detrimento de la propia salud y la salud de los demás.

Ahora recuerdo a un estudiante de biología, amante de Gaia y la hierba, que fue a una fiesta a mi casa y me incitaba a irme a pasear y a meditar al cerro. Me resultó molesto y estúpido, porque como sabemos la conciencia se puede elevar en cualquier lugar, y se puede meditar, también, en medio de un tabledance. ¿Quién me garantiza que no alcanzaré el Satori poniéndole uno de a cincuenta en la tanga a una chica vestida de colegiala? ¿Quién me dice que no me puedo hacer Uno con el Universo escuchando boleros en una cantina de mala muerte y rica vida? O, para terminar mi verborrea escéptica, ¿quién me negará la posibilidad de alcanzar el nirvana masturbándome frente a la computadora con las fotos de Mónica Bellucci?

Yo defiendo mi ocio y me cagan los entusiastas. El otro día pasé junto a unos niños que brincaban y gritaban en la banqueta. Cuando pasé a su lado, y aprovechando que su inocente carita quedaba a la altura de mis nalgas, me tiré un sonoro y apestoso pedo. Casi caen desmayados por el gas tóxico, pero yo seguí caminando muy contento, con la seguridad de que había demostrado cabalmente mi desprecio por los escandalosos.

En el mismo cuento Goncharov menciona a un gordo que muere de apoplejía y que sólo comía y vivía acostado; el improbable pero no imposible lector avispado, me homologará con dicho personaje. Cierto, me gusta comer pero también dar un paseo de vez en cuando, así sea sólo para tronarme pedos en la cara de los optimistas. Al final se trata de lo que el bípedo implume aristotélico decía: ni muy muy ni tan tan. El gusto medio.

Ya llega la primavera y, con ella, El mal del ímpetu; los balnearios, los picnics, los paseos por el bosque, las reformas políticas, el diesmo, las reelecciones, el crimen organizado que desorganiza a los demás, las muertes, los embarazos no deseados (en el fondo, donde yace la lucidez, ninguno es deseado.) En fin, el mundo es una mierda porque los pendejos le hacen caso a los libros de superación personal y siguen sus sueños. Ahí los peligros del ímpetu. Unos imbéciles emprendedores han provocado la podredumbre humana. ¿El antídoto? Cómprese una hamaca, tiéndala, luego cómprese una caguama, ahora tiéndase en la hamaca y tómese su caguama mientras ve pasar la tarde.

2014

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s