Rodeado de ausencia

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Pensar en ti también es estar rodeado de ausencia, como el cuello de la víctima siendo rodeado por las manos expertas del asesino, o el ahogado rodeado de agua y, por lo mismo, de eternidad. O el agujero negro rodeado de estrellas; algo siniestro y delicioso, pensar en ti, como el aullido de los lobos, los nenúfares o las jacarandas.
Pensar en ti es extraviar los dedos que dibujan galaxias, minotauros enamorados, sátiros excitados, poemas de simbolismo francés; algo oscuro y voluptuoso, pensar en ti como se piensa en ciertos desastres naturales, en ciertos ejercicios de admiración, en algunos libros que en su excelsa sabiduría secreta escriben y describen otros textos, metafísicos y semióticos, en la profundidad de la cueva de la conciencia.
Pensar en ti también es inventar el silencio que rodea a la sangre, como la melodía que rodea al ruido, como la orilla que se besa con la orilla sin tener en cuenta el mar, como la palabra que esculpe al poema y, por lo mismo, lo incendia. O el aquelarre que inventa la noche; algo erótico y oscuro, pensar en ti, como la jauría de luciérnagas, el alma de los ángeles, el aleteo del espíritu.

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