Putita

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El omnipoder del escritor es violar con la palabra. Desde esta cárcel puedo violarte y la humedad que perlea tus labios vaginales será real; orgasmos que electrocuten tu cerebro con las cenizas de lilas que escribo. Crueldad consciente e inconscientemente perversa. Venimos a este mundo a gozarlo, a sufrirlo, a inyectar sulfato de amonio en las venas del miedo. Démosle de comer un delicioso pastel de cianuro a la represión. Seamos incestuosos, libres, lúbricos. Seré tu viejo verde, corazón de vino añejo. Serás mi putita, pequeño pedacito de estrella. Abre tus muslos como abriendo un laberinto que jamás me cansaría de explorar. Sueña mi verga, esta verga que se pone durísima de sólo pensarte, de imaginar tu pequeña boca ansiosa de chuparme todos los secretos que tengo para develarte. Fricciones de nuestros deseos atropellándose, ávidamente, auto-desgarrándonos, haciendo trizas los convencionalismos y zarpando rumbo a la lujuria que configura la voz con la que significamos el mundo.
Quiero escuchar tus gemidos, que abran todas las puertas del viento. Auscultarte minuciosamente, tocarte (tócate) el culo, bellísimo culo creador de todo el deseo de mis entrañas; pequeño esfínter que ya prefigura la galaxia que quiero saborear como quien saborea el mejor poema estructurado de la naturaleza. Y ahora que hablo de naturaleza, te diré que es natural esta animalidad con la que te ato a mí; este libido de bestia salvaje que me haces plasmar en palabras, palabras tan erguidas y venenosas como mi verga que ya ensueña cada una de las líneas de tu cuerpo, líneas por las que, bendito sea Satán, quiero derraparme y exterminarme, ser cosmos, canción y nada. Llegar a tus centros líquidos, chupándote como un sediento en medio del desierto existencial.
Mis manos, putita, mis manos te aguardan para esculpirte humedades nuevas, nuevos manantiales, ciertas constelaciones lingüísticas a las que sólo tú y yo podemos acceder, eclipses de mi boca en tus suaves pezones deleitosos y enhiestos, en todo su orgullo de belleza intrínseca.
Putita, si te digo putita es con todo el respeto que mi voluptuosidad permite. Putita, no sé si eres bella o sublime, el brillo de tu mirada me dice que tienes el instinto siniestro que me envuelve en su savia dulce y caliente. Tu círculo de agua como un secreto con olor a jazmines; la luz se abre y juntos entramos como dos sombras eróticas que se desvanecen en cada mordida. Porque nuestro amor (que no es amor) no puede ser sino salvaje, libre, exiliado del mundo, secreto. Puta (vas creciendo) mi verga se va hinchando más y más. Y no me importa a quien ames, no me importa ni siquiera a quien amo yo, lo nuestro está más allá del bien y el mal, un pequeño espacio donde verdaderamente podemos probar el elixir de la libertad y el libertinaje. Cerraremos la puerta y dejaremos al mundo, con sus estúpidas reglas, afuera. ¡Qué crezca la perversión! Me quiero encerrar en ti y eyacularte entera, que mi semen derrape por las curvas de tu cuerpo vivo y ardiente. Que me bautices con tus jugos vaginales, sempiterna religión, te quiero beber como si fueras mi vino de consagrar. Acariciar tu vientre con mi glande. Ahora, así. Cabalgarte, excitado y violento, hasta poder lamer tus deliciosas lágrimas, tu sangre virginal. Conmigo, por tu parte, sé cruel, putita, o sé tierna, no me importa siempre y cuando seas obscena. Yo seré el demonio que, con su danza, quiere partirte de puro placer, que quiere atraparte entre sus alas para dejarte epiléptica de orgasmos y fantasías cabalísticamente cumplidas. Ahora ¿vuelas conmigo?

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