Para pasar el tiempo

Para pasar el tiempo se escribe del amor o de la muerte, y uno deja que las palabras entren como virus en las venas, que se inoculen como terribles enfermedades en los huesos. Y jugamos a ser lo que antes éramos, el hombre de las cuevas, el caníbal enamorado de la luna, el asesino de los sueños. ¿Y qué es un sueño? No se puede aprisionar entre los dedos, un sueño, no se mide ni se pesa, entonces, ¿cuál es el valor de un sueño? Para pasar el tiempo pienso en esas cosas y en otras, en tu boca roja, en tus piernas delgadas y largas como ciertas palabras que vienen de etimologías árabes o latinas, incluso gringas. Palabras que son como el bostezo de un monstruo o el gruñido de la luz; para pasar el tiempo pienso en ti y en el infinito de tus pies, en la comisura de tu alma, en la circunspección de tu cintura. Bebo mi café, prendo un cigarrillo. El día comienza de nuevo con su maquinaria de terribles presagios, de poderosos atavíos melancólicos.

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