Otro poema a la tarde

Esa hora en que todas las horas
son tus ojos,
tus labios crucificando mi voluntad;
la tarde es un ave de pecho dorado
y alas extendidas;
en mis huesos tu amor tiembla nervioso.
El candar y el agua evaporada
hace torbellinos en la piel;
la tierra mojada levanta su esencia
como una colegiala traviesa
levanta su falda y enseña sus bragas.
Respiro tus demonios,
intuyo tu magia sudorosa.
En cada brizna de sol
nuestras almas hacen el amor…

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