Frente a la ventana

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Estoy frente a la ventana en un séptimo piso, pensando que la desesperación es propia de hijos de banqueros, de abogados y taxistas. Desesperación como larvas pequeñas que recorren la piel dejando una estela de mucosidad, la baba de los días que se abren como la cárcel y se cierran como la guillotina; las larvas se meten por la piel, se mezclan con la sangre y se asoman por los ojos. Se apoderan de todos los órganos y uno ya no es hombre, uno es una masa sanguinolenta de desesperación; te arrojas por la ventana y la desesperación hace el cuerpo más pesado, el cráneo se revienta contra el pavimento como una tostada en el hocico de un perro. Los sesos todavía dibujan algo sobre la banqueta si uno cree en la poesía. Yo no, yo soy ese cadáver de huesos triturados y sólo he regresado a cerrar la ventana.

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