Lo que el libro no dice

Lo que el libro no dice muchas veces merece ser dicho pero es, por su imposibilidad, nostálgico y hermoso, bellísimo y secreto. No hay manera de nombrar los infinitos lados del silencio, la elegancia de Eleonor (no se puede decir, cómo podría decirse su manera de caminar y dominar al mundo con una mirada, con un movimiento de pasos, con una huella detrás de la otra y el contonear suave de sus caderas que nos hace pensar en las olas de Tulum a las diez cincuenta y siete de la mañana.) Una ciudad diminuta, un plato de sopa, mujeres en ventanas (mujeres desnudas, aclarando, después de bañarse, aclarando, con las gotas de agua todavía resbalando por sus cabellos que pueden ser negros o rojizos y una gota de agua resbalando, como un potro innombrable, en medio de los pechos de pezones oscuros o claros, aclarando, grandes o pequeños, dependiendo del ángulo y el deseo contenido en las pupilas, aclarando.) El libro no menciona nunca, casi nunca, a los niños que silban y que juegan a las canicas. Ni a la chica de Quiroga (cómo podría definir la tristeza de su cara, una tristeza que era tan profunda como el fondo del océano más profundo y poblado, profundamente, de animales que bien pudieran ser metafísicos o fantásticos pero son monstruos reales, marinos, moviendo sus aletas y sus branquias, sobre el rostro de la chica de Quiroga.) El libro, pongo a Dios como testigo (Dios no jura sobre La Biblia sino sobre el diccionario de la RAE), es mi mejor arma para expresarme, ya sea escribiéndolo o leyéndolo, pero hay cosas que no expresa y que no podría expresar. ¿Cómo definir esos planetas (enormes o diminutos) poblados de seres extrañísimos que juegan al ajedrez con sus dientes y apuestan a sus parejas (hembra o macho, eso importa poco en estos planetas)? El país de los desahuciados, la tribu de los no-natos, la mujer que después de llegar a su casa se desnuda con toda tranquilidad, se quita la ropa y se arrodilla y comienza a masturbarse esquizofrénicamente, moviéndose como una culebra por el piso mientras cierra los ojos y aprieta los dientes pensando en Jesucristo su salvador. El libro no menciona las aristas mismas del libro, el juego de apariencia, el correr de las cartas, las lagunas del espíritu, las orgías paganas de las palabras, el mal de amores de los signos de admiración.

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