El pacto secreto

Por tu vientre escurren lilas, un pequeño apocalipsis, el sopor de un trueno —dijo él.
Yo soy una espora nadando en tu retina, el espacio imposible, la distancia infinita entre tú y yo —dijo ella.
La lucidez creció entre los dos, como un giraluna lleno de escamas.
La sangre se convirtió en un crucigrama.
Se besaron de nuevo y en su beso nació un mundo diferente,
como una rosa germinando en medio del desierto.
Vino la caricia
y sus almas se disputaban un juego de ajedrez.

—Yo me sé tu boca, es lo único que sé
—Soy tu asesino. Me duermo en tu sangre. Abro tus huesos para que mi espíritu repose dentro de tu tuétano.

Dos crepúsculos fusionados en un mismo cielo. El suspiro como cuchillo.
Las manos en los sexos, enraizadas,
convertidas en luces neón.
El suspiro como terciopelo en la conciencia.
Luego la noche. Luego la literatura.
Luego el ahora.
—Yo soy la pitonisa que poetiza tu mirada de loco, la vorágine de tu mente…
—Yo soy el pitoniso…
La sonrisa. Luego la risa: el pacto secreto.

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