Placeres sencillos

La lluvia cae incontrolable;
el libre albedrío de la Naturaleza
es infinito sobre el destino de los hombres.
Escucho las gotas como el tic tac
de un reloj descompuesto
abriendo los caminos de la meditación…
Yo quería escribir un poema
salvaje y apasionado,
fumando sobre un barril de gasolina.
Yo quería decir que el amor es un abismo
como en Las desventuras del joven Weber
o como en La Condición Humana III
donde el soldado (¡perdona Nietzsche!)
tiene un cómo ya que tiene un por qué.
Con mi arrogancia natural
quería escribirte algo que sonara como I’ am your man
de Leonard Cohen.
Pero sólo puedo decirte
que los truenos me sacuden los huesos,
que están llamando a misa
en esa Iglesia en donde me escondía
cuando era niño.
Y yo experimento ese placer sencillo y sereno
de escribir
fumando en el portal de mi casa.
Yo quería escribirte un poema
que abriera en dos el mar rojo,
que incendiara Roma,
que fuera un ave fénix o mínimo una paloma mensajera
que llegara hasta tu balcón
con el GPS de mi cariño.
Y en cambio sólo puedo decirte
que mi gato me mira absorto,
viendo cómo el frío me aprieta los huesos
y tu recuerdo a priori
de vez en vez
me hace sonreír como estúpido.
Yo quería escribir acerca de amores complejos,
como en La insoportable levedad del ser,
como en Los hermanos Karamazov,
como en La dama del perrito;
escribir acerca de la pasión de Baudelaire
por la mulata o, al menos,
algo cómico a la Annie Hall.
Describir el amor como un Quevedo
o escribir —como Bukowski—
«las duras palabras que siempre tuve miedo de decir pueden ahora ser dichas».
Algo que me hiciera ver como un tipo duro
o al menos talentoso.
Que pensaras en mí como un contemporáneo de Bolaño.
Escribirte que si eres Julieta,
yo puedo ser Romeo o Sade,
después de todo soy un poco suicida
y un poco perverso.
Pero sólo puedo decirte que ha dejado de llover
que me gusta el olor a tierra mojada
y que ahora puedo expresar el placer
modesto y sencillo
de estar vivo y saber que estás viva;
el placer de compartir este caótico y hermoso universo;
el placer sencillo
de decirte que te quiero
y te deseo dulces lunas.

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