Carta a mi amiga filósofa

La verdad es que me pusiera a enumerar tus virtudes tal vez no terminaría nunca de escribirte esta carta, sin embargo, de despedida. Sé que con nadie más tengo y posiblemente nunca tendré un nivel de conexión tan profundo como lo tengo contigo, y ojalá eso bastara para derribar todos los demás obstáculos. Como eres mi amiga y como siempre lo has sido, en el sentido más pleno de amistad filosófica, tal vez a la griega y tal vez a la Derrida, siempre desearé que en todos tus proyectos, los musicales, filosóficos, escriturales y demás, te vaya bien y que tengas éxito (en el sentido de remover las fibras que quieres y en el sentido de ser feliz con lo que haces que, para mí, es la definición de éxito.) A pesar de ser dos melancólicos que una vez soñamos dentro de una misma botella de mezcal, te deseo cierta alegría, si se puede, en el sentido spinozista, ser filosóficamente feliz, es decir, que todos tus sistemas de pensamiento sean capaces de formar rizomas entre sí.
Pero somos nosotros y nuestras circunstancias, no me acuerdo si la frase es de Sartre. Y nuestras circunstancias por demás las sabes. Tal vez nunca debimos trasgredir ese nivel de charla en donde hablábamos de las implicaciones ontológicas del ser violento en Crónica de un instante de Salvador Elizondo. Fuimos culpables de la construcción del muro de los inmortales y somos responsables también de estas ruinas circulares. Nuestras parejas, a las que amamos cada quien con nuestras limitaciones y virtudes, hacen imposible que siga fluyendo la amistad entre nosotros. Sin embargo no le guardo rencor a nadie y ni siquiera a tu novio que se ve que es buena persona pese a todo, más bien al contrario agradezco que con tu plática y tu sabiduría, acaso, me hayas hecho un poquito menos pendejo de lo que era. Y si yo te ofrecí un regalo similar, me doy por bien servido. Nuestras tristezas, como pensadores de la vieja guardia que somos, son terribles y cada vez más profundas, pero que esta amistad o más bien su recuerdo no sea motivo de una más. De lo que se trata es de vivir y conocer. “Conocer para crear”. Ahí quedan algunas obras de arte, que forjamos con cuidado, como quien lanza una botella al mar con un mensaje dentro, para ser leído por quien, por azar o curiosidad, esculque nuestros sueños. No me queda más que decirte, gracias por todo y desearte la mejor de las suertes.

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