La oración

29 - copia

Nos hemos citado a la hora de siempre, en el lugar de siempre. Son las diez de la noche. Los niños duermen y los demonios se desatan, las lujurias se descuelgan del cielo y las calles comienzan a despoblarse. La cortina de la habitación se mece lentamente en un aire que refresca alegremente después de una tremenda tormenta. Después de la tormenta viene la cama. La nuestra es una cama King Zise con cobijas floreadas y almohadas de rombos. Observo el reloj de la pared, escribo un poco. Leo. Te oigo tocar la puerta y entras dueña del espacio y del tiempo, entras y contigo una multitud de ángeles lujuriosos y lobos sedientos de sangre. Te sientas en la cama y tu vestido negro, entallado, remarca las formas de tus caderas y tus pechos. Me siento detrás de ti, con las piernas abiertas. ¿Cuánto tienes? Siete meses, ¡¿En serio?!, Sí. Levanto tu vestido y puedo ver tus piernas, torneadas y hermosas. Las piernas de una chica que ha caminado por el lado salvaje de la vida, lo digo o lo susurro. Lo canto, como si el poema hiciera una combustión interna en mi sangre. Mis manos se deslizan por tus muslos, son suaves y los acaricio con delicadeza, como si fueran de marfil o de diamante, como si fueran obras de arte invaluables. Luego acaricio tu sexo, por encima de las bragas, escucho tu gemido. Detente, no sé si esté bien. ¿Se siente bien?, Sí, Entonces está bien. Quito tus calzoncitos y meto mis dedos dentro de ti, como un enjambre de luces hipnóticas, mis dedos son música acariciando tus entrañas. Te estremeces, gimes, arqueas la espalda y pides más. Susurras, Cógeme por favor, cógeme hasta desvanecerme, hasta hacer de mí la más puta de las mujeres. Acaricio tus pechos por encima del vestido, no has traído sostén como te pedí. Tus pezones están duros, tus pechos suaves. Te quito todo el vestido, sólo dejo tus zapatillas negras, altas, de tacón de aguja como para pisotear mi corazón. A pesar de que yo ordeno, me queda claro que tú eres mi dueña, mi ama, mi emperatriz y mi diosa. Sigo masturbándote, te veo en el espejo, tu cara, tus ojos entrecerrados, tus labios apretados, tus pezones pequeños y dulces en un vaivén, y mis dedos que son gruesos y largos dentro de ti, provocando la humedad que me moja el cuerpo y el espíritu. Te levanto y te pongo boca abajo en la cama, Eres mi pequeña puta, te digo y lanzo una nalgada. Eres mi pequeña puta. Una nalgada. Eres mi pequeña puta. Una nalgada. Tus nalgas se van poniendo rojas, hermosas. Saco mi verga del pantalón, la meto dentro de ti, lanzas un pequeño grito. Recito:

Eres la primera y la última, el primer poema, el primer trueno que rompió el cielo. La diosa del infierno y el inframundo, a ti entrego mi alma y mi cuerpo, despedázame, madre santa, espíritu demoníaco. Haz de mi existencia tu capricho. Porque tú eres Atenea, porque tú eres Afrodita. Eres Rati, eres Tlazoltéotl. A ti entrego mi canto profano, mi excitación profana, el semen de mi espíritu, el calor de mi licor. En tu templo quemo mi incienso, alma libre, alma cósmica de infinitas ramas, árbol de dulce ensueño. Eres el fuego que crece, el origen y el fin que se confunden en tu sempiterna sabiduría. Eres peligrosa como la serpiente y como el mar, eres diabólica y placentera como la muerte y el suicidio. Estrella negra, amazona implacable, guerrera de luz y sombra, a ti te rezo, en ti me desvanezco.

Mi pene bombardea, no dejo de recitar y bombardear inmisericorde, tú ríes y gimes. Te carcajeas y gimes. Tu voz alcanza todos los rincones de la galaxia. Te volteo, te atraigo del cabello y meto mi pene, duro, durísimo en mi boca. Pequeña puta, te digo, y te atraigo del cabello y meto mi sexo lo más profundo que puedo en tu garganta. Mi sexo está duro y grueso. Te veo más hermosa que nunca, eres como una aparición. Me volteas a ver a los ojos, me retas. Saco mi verga de tu boca y dejo salir un potente disparo de semen que da de lleno contra tu cara hermosa, perleándola de tibio semen. Me desvanezco, como si me perdiera dentro de la nada, dentro del éxtasis de la nada.

Después te pones frente a mí y de espalda al espejo. En el espejo puedo ver el reflejo de tu espalda, las líneas que se entrecruzan como un destino estético y trágico, algo así como un tango mudo y sinérgico. Me miras directamente a los ojos, tus pupilas quieren desentrañar el misterio de todos mis apocalipsis. Abres las piernas y comienzas a masturbarte para mí, veo tus dedos y tus gestos y susurras en voz baja Mírame, mira a tu diosa, mira al vino que beberás para calmar la sed de tus pecados. Entonces me arrastro hacia a ti, tomo tus zapatos en mis manos y comienzo a besarlos, lamo con ternura y lascivia el tacón, luego subo besando tus pantorrillas, tus piernas, tus muslos y tu sexo. Mi lengua se pierde entre tus caudales y me das a beber y te suplico más y te suplico que no te detengas, que seas para mí una fuente infinita de lujuria y amor. Te hago venir varias veces, siento tu oleaje salado golpeando mi paladar y tu cuerpo tenso y después suavecito, suavecito, como si pesaras lo mismo que una pluma. Me incorporo y me siento a la orilla de la cama. Tomo mi flácido pene entre las manos y comienzo a agitarlo. Va recobrando su dureza, su potencia. Cuando ya está duro de nuevo, te acercas, y me montas de frente. Aprovecho la posición para meter tus pezones en mi boca y para azotar tus nalgas mientras mi verga, traviesa y juguetona, explora tus profundidades. Me cabalgas en vaivenes, te dejas ir como si fueras la lluvia, la tormenta. Entre lluvia por la ventana del hotel, pero a nosotros no nos afecta, nuestro propio calor nos salva contra las inclemencias. Bebemos nuestros labios en cada beso. Me recuesto hacia atrás y tu mueves la cadera con maestría, como lo haría la más cara de las putas, siento que seré devorado por ti, por tu sexo, succionado hacia un universo paralelo. Me siento pequeñito y extasiado. Tú gimes, gimes, gritas, me pides el semen, dices que lo quieres dentro, me gritas que quieres el semen dentro de ti. Aprieto tus pechos, aprieto tu cuello. Mueves tus nalgas, tu sexo me succiona, caigo en una especie de éxtasis blanco y me dejo fluir dentro de ti. Mi semen escurre por tu vagina, gritas extasiada, cierras los ojos, no te bajas, sólo te detienes y cierras los ojos volteando al cielo como si le estuvieras rezando a un Dios pagano por tanto placer.

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