Viva México

No es para nadie extraño que los sistemas comerciales estadounidenses hayan decidido que si algún producto funciona en México, es difundido en todo latinoamérica; este tiradero virtual que es México sirve como traductor no sólo de un idioma a otro, sino también es traductor de signos anglosajones a signos latinos. Este simple hecho nos lleva a sentirnos primer mundo; primero por la proximidad con el primer mundo y segundo porque tenemos a algunos de los hombres más ricos del mundo. Pero nuestra obesidad no alcanza a cubrir todas las zonas geográficas en donde la pobreza impera. Por un lado vivimos una ilusión de primer mundo y, por el otro, la pobreza nos azota con su látigo de realidad: desempleo, asesinatos, secuestros, mala educación, mala salud, viviendas deficientes, mala alimentación (gordo no significa sano, ni flaco tampoco.) Todos los jóvenes sentimos que nos equivocamos de carrera, porque fulanito de tal estudió noséqué y de volada consiguió chamba. Los filósofos llevamos equivocándonos de carrera desde antes de que la palabra “equivocación” existiera, pero ese no es el caso: no hay empleo para nadie. ¿Estudiaste administración, contabilidad, economía? No hay trabajo. ¿Estudiaste historia, español, derecho? No hay trabajo. Entran a trabajar los poderosos, los que ni siquiera ocupan el dinero. A los otros, a los que no tenemos influencias en el gobierno, nos desaparecen el expediente de la noche a la mañana, nos roban las plazas y nos mandan a vegetar a nuestra casa. Hablo desde la experiencia. En México somos existencialistas aunque no queramos. Aquí no sólo se cumple la teoría de Jean Paul Sartre y Gabriel Marcel, sino que se supera con creces; muchas personas caen muertas cada mes por una guerra estúpida contra el narcotráfico, en lugar de legalizar las drogas y ser una potencia como otras naciones. Porque eso sí, señores, he de presumir que en mi país se dan drogas y aguardientes que no se dan en ningún otro lado, entre ellos el mezcal que me estoy tomando. Cada quien es libre de destruir su vida como mejor le parezca siempre y cuando no afecte (directamente) a los demás. Escribí directamente a propósito, para evitar el chantaje de madres abnegadas y católicas que dicen “me duele verte así”, “me destruye que te destruyas”; como su religión y su gobierno les enseña, son mercenarias del chantaje y la extorsión. En México hay un culto ciego a la madre, se ve en filmes y en las ventas del diez de mayo, pero también cada vez surge más otro sentimiento: el sentimiento de no pertenencia, de haber sido arrojados a un mundo que nada nos ofrece. Nos dijeron, toma esta bomba de tiempo, tienes cinco segundos para desactivarla y apenas estábamos en pañales. Hay entusiastas estúpidos, por supuesto, que creen en la salvación del mundo, de los animales o de cualquier otra causa que pueda ser enviada como propuesta por Facebook. Yo no. Pienso que nada de esto tiene sentido y que el tiempo se acabó, pero a diferencia de otros autores, no desprendo de la afirmación de la nada una consecuencia de tristeza y lágrimas. ¿Que la vida no tiene ningún sentido? ¡Una carga menos!, ¿que nuestra existencia es estúpida y vacía? ¡A gozar el son!… En México sabemos convivir con la muerte, no sólo metafísicamente sino también cotidianamente, ¿saben lo que es sentir que de la noche a la mañana, de buenas a primeras, entran en el vacío de la nada y no escuchan más música o ven más cine? Tantas películas por ver, libros por leer y música por escuchar. Todo eso nos aleja del suicidio, eso y nada más. Me sorprende que los mexicanos sean tan solidarios con causas ajenas, como las de Venezuela o Brasil, o la franja de Gaza, ¿Acaso nunca descorren las ventanas de su cuarto? Basta con que vean a la calle para saber que pueden sentir lástima y quejarse de la muerte de su vecino. Claro, siempre y cuando sea a través de la computadora. Todos los revolucionarios modernos lo son gracias a la computadora, desde un teclado parecido al mío cambian el mundo. Tal vez yo también podría hacerlo, pero prefiero servirme otra copa de mezcal. ¿Lo bueno de México? Sus escritores, sus mujeres, sus bebidas, sus drogas, sus paisajes, su comida, su hospitalidad, sus chamanes, su espiritualidad, sus genios, sus singularidades monstruosas, su cielo, su mar, sus recursos naturales, sus condiciones climatológicas, sus películas, su música, su fiesta, su entrada en el inframundo, su lucidez y su inteligencia, aunque estos últimos puntos sean escasos los hay, pero no me escuchen a mí, como dijo Heráclito, escuchen al mezcal, de él es la verdad, la palabra, el amor.
Salud

¡Viva México!
(Pero de verdad que viva y no muera, como hasta ahora)

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