El amargado

No sé si soy un rechazado, o yo mismo me autorechacé. No sé si soy un misántropo, un antisocial o un necio. No sé si enaltezco los valores de la soledad porque me gusta estar solo, o si me gusta estar solo porque enaltezco los valores de la soledad. Esas cosas que en apariencia son las mismas, tienen como punto de partida la ideología y/o la acción. Me gusta leer autores solitarios, misántropos; pero no sé si de hecho comenzó primero mi gusto por este tipo de escritores, o si primero efectivamente empezó mi gusto por la soledad. Lo que sucede es que no me gusta ir a fiestas, primero porque no sé bailar, segundo porque necesito una cantidad extraordinaria de alcohol para tolerar a muchas personas cerca. Y tampoco me gusta beber tanto, ya no, porque el cuerpo va reclamando y uno que siempre fue rebelde, tiene que empezar a obedecer a sus articulaciones y sus huesos. No fui a la fiesta y no me encontré con un montón de gente, en la multitud pudo haber estado el amor de mi vida o de mi muerte, en la multitud pudo haber estado mi asesino. Pero no fui, y sigo aquí absurdamente vivo. De todos modos quiero hacer notar que nada de esto es importante para mí, no excesivamente, pero algo tenía que escribir para continuar con mi taller de escritura.

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