El llamado de la hembra

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El llamado de la hembra en celo, el rito como holograma de nulidad. Cogemos para desaparecer, para anularnos en la explosión ditirámbica del orgasmo. Sabiduría de un universo que lentamente se desfragmenta, así voy quitando tu ropa hasta encontrar tu ser denudo y caliente, caos puro, entropía de condensaciones subliminadas al vacío. Es coágulo de esperma el corazón, mutante ónix cuando el metal se condensa. Te veo con tu vestido negro, corto, y meto mano. Tus nalgas blancas, pálidas, como las de un condenado a la silla eléctrica. Con eso lo digo todo. Saco mi verga dura, la meto por tu culo hasta los riñones. Es un mazo. Tus ojos se desorbitan. Soy un alien, un robot. Un error en el código binario del universo, agrego, escribiendo otra dimensión. Escribo lo que pasó antes de nuestro nacimiento, lo que fuimos y no somos. Retuerzo tus pezones; la punta de mi pene, mi glande de metal está manchado de tu mierda y de tu sangre. Te ordeno que orines mientras presiono tu clavícula. Con tu orina lavo mi pene y me agacho a beber. Es la muerte el precio a pagar por sonreír. Contemplo el espíritu del aquelarre, los niños machacados, con su inocente carita rosácea, en la bota borracha de la bruja mayor. Es la fiesta del chivo. Sacrificas sangre inocente en nombre del iluminado. Yo azoto tus nalgas con una espátula de cocina. Abres tu blusa y veo dos fetos colgando de tu pecho. Es la música la muerte más profunda. Micromáquinas de virus son el viagra y mi verga crece tanto que te agujera la garganta. Corto en trozos pequeños tu carne, divido en secciones, multiplico. Te desollo de principio a fin, hasta dejar tu esqueleto desnudo. En tus huesos me vuelvo a correr, dejando una gran mancha de semen escurriendo, las gotas van acorde con las manecillas del reloj. Dejo una oscura mancha de sangre entre tu pelvis y tu tibia. Tu carne la cocino con especias y plantas aromáticas. El toque de pimienta con azúcar es el secreto. Desgajo tu grasa para ponerla a hervir sobre la cazuela caliente. El sonido de la grasa quemándose. El olor nauseabundo. Me hace vomitar y me pone la verga dura otra vez. Mezclo el cebo resultante con mantequilla y lleno las charolas con esa masa. Descuartizo tus piernas, pongo la carne limpia sobre las charolas y le echo mi salsa especial encima. Condimento con hierbas aromáticas y cocaína. Mi horno es un robot descompuesto. Vino del futuro a matarme pero lo hice estallar con una paradoja matemática. Crece la tecnología pero esa mierda de las paradojas sólo la mente humana las soporta. El hombre: el héroe de capa caída que lucha contra lo evidente. El horno suena. Veo mi fetiche de Buda el sublime. La cena está lista. Sirvo otro vaso de güisqui. Como lentamente, masticando con delicadeza, delante de tu retrato. Tengo un orgasmo comiendo. Pienso que tal vez sea hora de comerme a un hombre; pienso si eso me convertiría en maricón. Suena Wagner. De postre guarde tus tetas, paso tus pezones por mi glande duro. Aún están calientes y llenas de sangre. Me masturbo frente a tu fotografía; tus tetas están grandes y en medio pongo mi verga. Eyaculo por enésima vez. Veo el desierto por la ventana de mi cocina. El cielo está hermoso.

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