El día que soñé con la esposa de Juan Villoro

No recuerdo los detalles del sueño y lo que es peor: a menudo lo confundo con otro sueño. El otro sueño sucede en un bar, éste también. En el otro sueño participo en una marcha comunista al lado de una ex novia, pero en ese tiempo no era mi novia y la verdad ni siquiera mi amiga, nunca le había hablado pero siempre me han … Continúa leyendo El día que soñé con la esposa de Juan Villoro

La oración

Nos hemos citado a la hora de siempre, en el lugar de siempre. Son las diez de la noche. Los niños duermen y los demonios se desatan, las lujurias se descuelgan del cielo y las calles comienzan a despoblarse. La cortina de la habitación se mece lentamente en un aire que refresca alegremente después de una tremenda tormenta. Después de la tormenta viene la cama. … Continúa leyendo La oración

Ahora sí: vamos a que te cases.

Estás dentro de mi sueño, como una aparición flotante, como el verbo de la metáfora, como el destino roto de un amor fracturado. Estás hermosa, vestida de blanco, tu vestido es largo y tiene olanes en color ivory. Pareces una novia de ensueño, enlutada en la decadencia insurrecta de una resignación sepulcral. Estás en mi ceremonia de carne y alcohol, en mi aquelarre de realismo … Continúa leyendo Ahora sí: vamos a que te cases.

En el hotel

Estamos tú y yo, en un cuarto de hotel. Hay música de Coltrane que lo inunda todo. El viento entra por las ventanas abiertas, es un tercer piso. En lugar de llevarte a la cama, te siento en una silla de terciopelo que está a manera de buró. Te ordeno que abras las piernas, obedeces. Desabrocho tu pantalón y te lo quito, también las braguitas. … Continúa leyendo En el hotel

Nefertiti

Pequeña espora de orgasmo, temblor eléctrico que quema la piel —dijo él mientras le metía la mano entre las piernas, sintió la tibieza del miedo, el salvajismo del sexo, casi caníbal, pero también ardiente flor de deseo. Todo mi cuerpo es suyo, señor —dijo ella mientras arrojaba su sexo a las manos de su señor y pasaba las manos por sus dulces pezones que brillaban … Continúa leyendo Nefertiti

Las aventuras del señor González III

—Hola, hola, ¿hablo con el Señor González? —Hola, sí, soy yo, ¿qué se le ofrece? —No voy a ir a trabajar. —¿Podría explicarse? —Estoy enfermo —¿Quién es usted? —Soy su ángel de la guarda. Tengo una enfermedad llamada alcoholismo. —¿Qué clase de broma es ésta? —Ninguna broma, el alcoholismo no es ninguna broma. —Para empezar, si usted es mi ángel de la guarda tiene como … Continúa leyendo Las aventuras del señor González III